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FAX DEL FAX

Por J. Humberto Cossío R.

Son cuatro peleadores a los que jamás dejaré de admirar en lo que me quede de vida(por cierto no es mucha) y para no ponerlos en lugar privilegiado, los menciono como me vienen en gana.

Rubén Olivares. Me surtí de buena cena para ponerme en mi butaca de ring-side dentro de mi casa y me abracé con la familia cuando noqueó al australiano Leonel Rouse.

Fui su seguidor a morir y no me importaba si ganaba o perdía.

Muy parrandero y desperdició sus grandes facultades por andar con sus amigos en la fiesta diaria.

Lo sigo venerando al desgraciado.

Mantequilla Nápoles, al que nadie quería enfrentarlo en su peso tuvo que encerrarse en el cuadrilátero con un Welter junior (Whitaker) y así se coronó.

Ganó muchísimo dinero y lo perdió entre las patas de los caballos.

Muy apostador el cubano de nacimiento y mexicano de corazón.

El más grande de todos, Julio Cesar Chávez, al que lo recuerdo más que en su coronación, por el combate ante Taylor, al que noqueó en los últimos segundos de finalizar la pelea.

Tres segundo faltaban cuando decretaron el nocaut técnico y Julio Conservó el campeonato.
La iba perdiendo por puntos y casi lloraba por ese resultado.

Julio no se dio por vencido. Logró tumbarlo al negrito y al levantarse en situación angustiosa fue declarado fuera de combate por el réferi.

También fui testigo en las pantallas de televisión cuando perdió la corona ante Oscar de la Hoya y ahí di por finalizada mi butaca al lado de Chávez.
Entendí que su carrera estaba terminada y guardo su recuerdo celosamente.

El otro peleador, al que admiro, se llama Héctor Melesio Cuén Ojeda.

La primer razón fue que limpió de grillos y buenos para nada las nóminas de la UAS.

Son los que lo han perseguido con sus críticas, pero con Melesio y después de Melesio, los estudiantes se dedicaron a las aulas y dejaron de salir a las calles siguiendo a los vividores que les lavaban el coco para protestas de todo tipo.

La sociedad sinaloense y sobre todo la de Culiacán, estaban hasta la coronilla con los desordenes que provocaban los agitadores universitarios.

Quiso ser candidato para Gobernador el 2010. En una reunión convocada por el mismo y sus gentes que lo seguían sin descanso, le pronostiqué que sería el candidato a la presidencia municipal y me llamó aparte para decirme:

¿Cómo lo sabes?

Desde entonces, he seguido su carrera con sumo interés y jamás dejaré de reconocer que es un grande de la política de Sinaloa.

Fundó el PAS en agosto del 2012. En la primera competencia para Gobernador dejó muy atrás al PAN y a otros partidos tradicionales.

Perdió frente a Quirino Ordaz Coppel, pero dejó la impresión que había nacido un triunfador de los que escalan grandes alturas.

Tiene 64 años. Será candidato, si lo quiere, cuando cumpla los sesenta y cinco.

Y todavía le alcanzará para otro intento si no la logra en el 2021.

Su principal rival en la UAS lo ha sido siempre Rubén Rocha Moya, al que le dijo, “hazte a un lado muchacho” que ya llegó Melesio para quedarse.

Lo mencionan como posible aliado del morenista y la verdad que no sabemos que pueda resultar de ese tipo de alianzas.

Las promesas son para incumplirse y eso lo sabe muy bien Melesio Cuén Ojeda. No hay manera de amarrarse legalmente para que sea obligación.

Es un peleador de los que no se dan en canasta.
Lo sigo en todos sus combates, pero no voté por Melesio para Gobernador.

En la que sigue ya veremos.

Hasta mañana.